Bueno vamos a empezar a dar otro reveso de escritura. Hoy es 28 de diciembre del 2002 con sus correspondientes nubes y frio, lo natural de este tiempo.
Bueno, cuando me fui a la mili tenía 20 años. Sali de la huerta para La Estación Vieja de Zalamea con mi maleta, que me la hizo el marido de mi prima Guadalupe en Traslasierra, que era carpintero, para coger el tren hasta San Juan del Puerto, que allí cogía el que viene de Sevilla a Huelva .
Nada pues llego a Huelva y llegamos a la zona que era la Caja de Recluta, nos tomaron los datos y nos dieron 3 pesetas y 2 chuscos[1] eso hasta el otro día, al otro día lo mismo, y así me lleve seis días. Nos dijeron que para comer teníamos que ir al Pesquero que era un cuartel que estaba a las afueras de Huelva. Yo comía en casa de una tía de una novia que yo tenía, y otro día iba a ese cuartel.
Me acuerdo que un día nos pusieron una sopa de pescado y estaba riquísima.
A acostarme me quedaba en casa de la tía de mi novia, eso fue en septiembre. Estuve en Huelva una semana y el 16 salimos para África, llegamos el 18 de septiembre a Larache.
En Huelva nos dieron la comida y un dulce de postre. Salimos en el tren derecho a Sevilla y a las tres de la tarde estábamos comiendo en la Estación de Cádiz de Sevilla unas sopas de fideos con un poco de Avecren[2] que aquello alimentaba poco porque tenía más caldo que aceite.
Luego en Larache la comida no era mala, ¡pero con dos bollos se quedaba uno a la cuarta pregunta!, porque los 2 meses de instrucción nos daban fuerte.
Yo tuve suerte después de todo porque a los ocho meses de estar allí me fui de Asistente con un Teniente que era casado y tenía un niño con dos años y lo que hacía era ir a por la compra y sacar al crio de paseo.
Yo vestía con un mono azul para no hacer tanto saludo por la vía pública y así no sabían si era paisano o militar, porque ¡aquello era una cosa mala de mandos que había!, porque había muchísima fuerza. Franco tenia aquello bien lleno; estaba el Tercio Regulares de Caballería, que era a donde pertenecía yo, Artillería, Ingenieros, La Méjala[3], que eso no la había en España, Infantería de Marina, Regulares de Infantería, Automovilismo…, infantería había tela.
Yo también hice dos guardias y me toco, de 12 a 2, el primer puesto en la cárcel de la legión, y me dice el cabo de guardia:
-“de aquella raya para acá no los dejes pasar”, pero aquello era cerrao con una baranda de hierro, ¡yo con más miedo que siete viejas!, pasaban la raya hablando uno con los otros, pero tranquilitos, yo decía para mí:
-“mientras no traten de escaparse yo quieto, haber si pasan las dos horas y paso a hacer otro puesto de menos peligro”
De las dos a las cuatro de la madrugada me toca de hacer el puesto en el Economato, y allí oí unas voces que decían:
-“¡¡Centinela, alerta, alerta!!
¡Yo que no había oído eso nunca, me zurré de miedo! le tenía metidas las cinco balas al fusil yo no sé lo que yo hubiera hecho si algunos de los legionarios hubieran querido escaparse. Las órdenes que yo tenía eran que antes que se escaparan le tirara, pero mi conciencia no me mandaba eso, y si me los dejaba ir el peligro venía hacia mí, así que yo no sé lo que hubiera pasado.
Allí estuve dos años: en el cuartel estuve tres meses y dieciséis de asistente, yo cogía mi talego[4] y por el pan, la leche y los huevos, en fin lo que me encargaran la señora que se llamaba María de la Cruz Tiquelajauregui Testamanice, son apellidos vascos, y luego cuidar al crio, pero yo dormía en su casa. Luego me he enterado que murió de cáncer.
Cuando la mujer del teniente fue a tener a su segundo hijo se fue a Málaga, y yo me quede con él en Larache. Por la mediodía comía en el cuartel y de noche yo era el que le hacia la cena, la cena era unas patatas fritas y un huevo, un tomate picado con una poquita de sal y un vaso de leche con un bollito, porque yo comía en el Cuartel de Cría Caballar y me decía:
-“¡Jesús! Santiago ¡como me he puesto!
y yo le decía:
-“Con eso que usted se ha comido, no tengo yo para taparme una muela”
y entonces me decía él a mí:
-“Entonces, ¿tu cena como era?
-“Pues mi cena, un buen puchero con garbanzos y tocino en abundancia, costilla, una cuarta de carne y unas morcillas, y luego pera o naranja, porque patatas no eran muchas la que yo les echaba”
y me dice:
-“Pues yo con esto he quedao bien”
y me decía que si de noche no me daba miedo de comer tanto y yo le decía:
-“No porque a mí me decían que <<de buenas cenas estaban las sepulturas llenas>> y yo contestaba que llenas están de no cenar bien, porque en mi aldea palmaron 12 de hambre en el año 1941, así que si hubieran comido una buena puchera de esas, no se hubieran muerto tantos. Una que se llamaba Benita murió pidiendo tocino y el marido y un hijo, todos de hambre”
Yo se que ya con la edad nuestra ya no es igual que cuando uno es joven, porque con 4 saltos que se den se quema todo.
Una de las noches, porque yo me quedaba en su casa, él tenía un botiquín en el cuarto de aseo que era un cajoncito, con alcohol, aspirinas y cuatro cosillas de esas.
Yo se que a mí me dolían las muelas un poco, y me dice el teniente que yo me levante, encendí la luz y estuve buscando en el botiquín porque la mujer se levanto, pero al verme a mí en ropas menores se lo dijo al marido. Y yo no me acuerdo de nada, él me dijo que si era sonámbulo y yo le dije que no.
A la mujer del teniente y al teniente les gustaba mucho el cine así que yo me quedaba con el Tito, que así le llamábamos al niño, no sé porque si era porque el pobre se llamaba Federico, supongo que era por eso, nunca les llegue a preguntar. Pues bien, yo cuando ya veía que era la hora de darle la cena y los padres no habían venido, encendía el carbón con alcohol y me ponía a hacerle las papillas. Yo ya sabía la cantidad de azúcar y de harina y se quedaba como un bendito, se dormía enseguida.
Ya ese niño si vive tiene cerca de los 50 años o más, en el 47 tenía dos años, bueno no me paro más a echar la cuenta.
Al cabo de los 40 años supe de el Teniente que estaba en Madrid, y que se había jubilado de Coronel en el año 83 él era siete años mayor que yo cuando estuve yo con él ahí en Larache, y por medio del cura de Zalamea que habló a Madrid supe su residencia, lo cual que allí les dijeron que el párroco de Zalamea había estado preguntando por él, y claro, a él le daría eso que pensar y llamo aquí a Zalamea, al cura y fue para decirle que un muchacho que había estado de asistente con él, le gustaría de hablar con él, y el cura le dio mi numero de teléfono y me llamo el cura a mí, diciendo que dentro de un rato me llamaría, y así fue.
Así que hace unos cinco o seis años que ya no se dé el sí a muerto o vive. Tres o cuatro años me estuvo felicitando por las Navidades, y otra vez me escribió una carta que la conservo todavía, y ya en la carta me contaba que el se había casado de segundas, que la primera mujer había muerto de cáncer, y de la segunda tenía tres hijos. Y sobre el año 80 su hijo el más pequeño se le había muerto de parto su mujer, dejando tres hijas; una con seis, otra de tres y otra con días.
Le di mis señas, y le dije que si alguna vez venia, que se llegase a mi casa, y él me contesto que él para Huelva no había venido, nada más que hasta Cádiz, que casi siempre tiraba para los Estados Unidos.
Le di mi número de teléfono pero nunca llamo, no sé porque sería. Hace tres o cuatro años me estuvo felicitando, pero ya eso se perdió.
Cuando me licencié tuve una carta de él de Larache y me decía si me había casado, y le dije que todavía no, dice:
“si algún te casas dales a tus hijos la educación que tu posees, háblales de la mili que en ella todo no es malo”
Así que me decía,
“Santiago me gustaría de vez en cuando de saber de tu paradero”
Pero claro, ya me eche novia y me case y no fue lo mismo ya yo tenía más preocupaciones y todo quedo para atrás.
Me acuerdo que un día tenía yo un resfriado muy grande y me dijo la primera mujer del Teniente: -“Se toma usted un vaso de leche con una aspirina”
Y la luz de mi habitación era un enchufe que estaba a dos o tres metros de mi cama, y para apagarla hacia falta de estirar de ella, y me dijo la señora:
-“Eso le amarro una cuerda al enchufe y estiras y no te tienes que levantar a coger frio”
Y así lo hice: me tomo mi vaso de leche con mi aspirina y tiro de la cuerda, y luz apagada y yo tapao con las mantas.
Ella era del País Vasco. Me hablaba que sus padres, tenían una huerta y que su padre echaba las armasigas que son los semilleros de toda clase de hortalizas, y a mí me gustaba que me hablara de eso.
Estando en la mili, antes de estar de asistente, de cada escuadrón cogían a seis soldados de cada escuadrón para ir a la huerta que teníamos allí, íbamos treinta hombres montados a caballo, porque había seis escuadrones. Nos llevamos el caballo para ir montados porque estaba bastante lejos.
Del grupo aviábamos los maíces y las papas[5].
A mí me dijeron que si yo era capaz de hacer la comida para todos, y yo les dije que sí. Así que cogí un buen barreño e hice un guiso de arroz ¡que no se lo saltaba un galgo! pero el primer día me salió un poco soso, pero al otro día ya le cogí el punto.
Dormíamos hora y media de siesta, así que yo dejaba los cacharros sin fregar hasta que me levantaba de mi poquita de siesta (así no tenia que meter el cuello en habiar las papas y los maíces) pero al cabo del tiempo me calaron…, así que después de fregar, ¡a las papas y a los maíces, yo también…! pero ya era poco tiempo, no era como estar desde por la mañana temprano.
Un dia me dice uno de los que estaban allí fijo:
-“Santiago, a ver si me puedes ceder un kilo de arroz”
… y yo lo llevaba casi contado, dice:
-“Mira ahí están las papas, les echas más papas y me cedes el kilo de arroz”
y así lo hice, a cada papera[6] les quitaba tres o cuatro papillas chicas y les echaba más papas que arroz[7], pero como eran muy chicas[8], todavía tenía que registrar muchas matas para sacar cuatro o cinco kilos.
Luego en la pila de la noria las cogía con un saco, las refregaba y soltaban así la cascara, porque como están muy tiernas les salía bien el pellejo.
Un día yendo para el cuartel se me partió una acción del estribo[9] derecho, que si metía el pie en el izquierdo se iba la montura para el otro lado, así que lo que tuve que hacer es sacar los pies y agarrarme con las piernas a la montura.
[1] Bollito pequeño de pan
[2] Marca de pastilla de concentrado de carne
[3] Guardia del califa
[4] Bolsa de tela en la que se llevaba la comida
[5] Su grupo se encargaba del cuidado de los sembrados de maíz y de patatas de la citada huerta
[6] Mata de patatas de la huerta
[7] A la comida del grupo de treinta hombres
[8] Las patatas que recolectaba
[9] Una acción del estribo es una correa
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